jueves, 5 de abril de 2012

Eva


No les fue difícil apresarla. La encontraron en su oficina, desmayada por las pastillas. El traje Chanel manchado de rojo, su esposo en casa, callado para siempre, mientras en su escritorio el salvapantallas de un MacBook repetía infinitamente:

esto es el paraíso                                 esto es el paraíso

esto es el paraíso

esto es el paraíso                     esto es el paraíso

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